Togadi

Papel hecho a mano: de la fibra suelta al pliego encolado

Togadi reúne apuntes de taller sobre la fabricación manual de papel. Cada texto sigue el recorrido físico de la materia: una fibra que se hidrata, una pasta que se dispersa en agua, una hoja que se forma sobre una tela tensada, un pliego que pierde agua bajo presión y, por último, una superficie que acepta o rechaza la tinta.

No hay recetas cerradas. Hay descripciones de lo que ocurre en cada paso, de las variables que lo modifican y de las señales que permiten corregir el rumbo antes de que la hoja esté seca y ya no admita cambios.

  • Fibras
  • Pila holandesa
  • Forma y marco
  • Tina
  • Fieltros y prensa
  • Secado
  • Encolado
  • Conservación
Forma de papel con marco de madera levantándose de la tina con la pasta todavía escurriendo agua.
El agua escurre y la capa de fibra queda sobre la tela.

01Qué fibras entran en la tina y cómo se comportan

La diferencia entre dos papeles que salen del mismo taller casi siempre empieza mucho antes de la tina, en la elección de la fibra. La celulosa no es un material homogéneo: varía en longitud, en grosor de pared, en contenido de lignina y en la cantidad de tratamiento que ha recibido antes de llegar a nuestras manos. Todo eso se nota al tacto del pliego terminado.

Linters de algodón

Son las fibras cortas que quedan adheridas a la semilla después del desmotado. Llegan en hojas comprimidas o en borra suelta, ya blanqueadas y prácticamente sin lignina. Su longitud media es corta, de modo que hidratan deprisa y dan una hoja blanda, opaca y de buen volumen. Son la entrada más previsible para quien empieza: perdonan errores de refino y forman con facilidad. A cambio, ofrecen poca resistencia al desgarro si no se les da un refino prolongado.

Lino

La fibra liberiana del lino es larga, fina y muy resistente. Exige una preparación mucho más laboriosa: cocción alcalina si se parte de tallo o de estopa cruda, lavados abundantes y un tiempo de pila considerablemente mayor. El premio es un papel delgado, translúcido, sonoro al doblarlo y con una resistencia sorprendente para su gramaje. El lino tiende a formar grumos si se carga demasiado la pila o si la pasta no se dispersa bien antes del primer golpe de forma.

Cáñamo

Se sitúa entre los dos anteriores. También es fibra de líber, larga y fuerte, pero algo más rígida que el lino, lo que se traduce en hojas con más cuerpo y una superficie ligeramente más rugosa. Admite bien las mezclas: una proporción modesta de cáñamo dentro de una pasta de algodón levanta la resistencia sin cambiar demasiado la mano del papel.

Papel recuperado

Recortes de imprenta, papeles de archivo sin valor, pruebas de taller y descartes propios entran perfectamente en la tina. La fibra ya ha sido refinada y secada al menos una vez, de manera que está acortada y ha perdido parte de su capacidad de hincharse. Eso obliga a trabajar con tiempos de pila cortos y a aceptar una hoja menos resistente, aunque a menudo muy agradable. Conviene separar por color y por tipo, retirar adhesivos, grapas y zonas plastificadas, y desconfiar de los papeles con recubrimiento brillante: su carga mineral enturbia la tina y se deposita en los fieltros.


02Desleír y refinar: el trabajo de la pila holandesa

Refinar no es triturar. En una pila holandesa la pasta circula por un canal ovalado y pasa una y otra vez entre las cuchillas del rodillo y la platina. Lo que ocurre allí no es solo un corte: el roce abre la pared de la fibra, libera fibrillas y permite que el agua entre en ella. Esa fibra hinchada y desflecada es la que después se enlaza con sus vecinas al perder el agua, y de esos enlaces depende toda la resistencia del papel.

La distancia entre rodillo y platina es la variable que más se maneja. Una separación amplia mantiene la fibra larga y la trabaja por fricción: la hoja resultante es esponjosa, absorbente y blanda. Ir cerrando el rodillo acorta la fibra y aumenta la fibrilación: la hoja se vuelve densa, más traslúcida, más rígida, con un sonido seco al agitarla, y encoge más al secar. Entre ambos extremos hay un recorrido entero, y el mismo tipo de fibra puede dar papeles muy distintos según dónde se detenga el proceso.

El tiempo, la consistencia de la carga y la temperatura del agua modifican ese recorrido. Una pila demasiado cargada trabaja mal y deja zonas sin refinar; el agua que se va calentando por rozamiento acelera el hinchado. Por eso interesa más anotar el comportamiento de la pasta que el número de minutos: los minutos no se repiten de una carga a otra, las señales sí.

  1. La pasta se sostiene en el agua. Al remover un vaso con la muestra, las fibras tardan en depositarse y no caen en bloque; si se sedimentan de golpe, todavía falta trabajo.
  2. No se ven haces sueltos. Contra la luz, la muestra diluida aparece como una nube uniforme y no como hilos separados flotando.
  3. El agua escurre más despacio. Una pasta refinada drena con más lentitud sobre la tela; el cambio de ritmo en la forma es perceptible enseguida.
  4. La prueba de hoja responde. Una hoja de ensayo seca al aire debe tener el tacto y la rigidez que se busca; si queda blanda y algodonosa cuando se quería una hoja sonora, hay que seguir.
  5. El color se ha estabilizado. En pastas de papel recuperado o con fibra cruda, el tono deja de aclararse y se mantiene igual entre controles sucesivos.

03La forma y el marco: la geometría de la hoja

La forma es un bastidor con una tela tensada; el marco es un segundo bastidor sin tela que se apoya encima y actúa como pared. Juntos definen el tamaño del pliego y la manera en que la fibra se deposita. Es un instrumento sencillo, pero cada detalle de su construcción deja huella en el papel.

La tela puede ser un tejido regular de hilos finos, que da una superficie lisa sin marcas visibles, o una parrilla de hilos paralelos sostenidos por travesaños más gruesos, que deja el dibujo del verjurado: líneas claras muy juntas cruzadas por corondeles espaciados. Ese dibujo se ve a contraluz porque en las zonas donde el hilo toca la pasta se deposita menos fibra y el papel queda algo más fino.

La tensión importa tanto como el tejido. Una tela floja se comba bajo el peso del agua y produce un pliego más grueso en el centro. El marco debe apoyar plano y sin holguras: si entra agua entre marco y tela, la pasta se filtra por debajo y aparece un borde irregular y sucio. El grosor del marco, en cambio, sí es una decisión estética: cuanto más alto, más pasta se escapa lateralmente por debajo de su canto y más amplia y afilada resulta la barba, ese borde de espesor decreciente que solo tiene el papel formado a mano.

La forma condiciona también el formato máximo de trabajo. A partir de cierto tamaño el conjunto lleno de pasta pesa demasiado para un solo par de manos, y el gesto pierde precisión antes de que la fibra haya terminado de asentarse. Es más razonable buscar el límite propio con ensayos que forzar un formato que obliga a levantar mal.


04El gesto en la tina y la regularidad del pliego

Formar una hoja dura unos segundos y concentra buena parte de la calidad del resultado. La forma entra en la tina casi vertical, gira bajo la superficie hasta quedar horizontal, recoge pasta y sube de manera continua, sin tirones. Mientras el agua escurre, un movimiento corto en dos direcciones cruzadas reparte la fibra y hace que se entrelace en varias orientaciones en lugar de quedar peinada en una sola. Cuando el agua deja de correr, la hoja está formada y cualquier movimiento adicional solo puede estropearla.

La cantidad de pasta que queda retenida depende de la concentración de la tina y de la profundidad a la que se sumerge la forma. La tina se va empobreciendo hoja tras hoja, así que hay que reponer pasta y remover con regularidad si se quiere una serie de gramaje parejo. Remover justo antes de cada inmersión, siempre del mismo modo, es lo que mantiene constante una serie larga.

La mayoría de los defectos de formación tienen una causa mecánica reconocible, y casi todos se ven mejor mirando el pliego húmedo a contraluz que esperando a que seque.

  • Zonas translúcidas y zonas espesas — la tina no se removió lo suficiente o la forma entró inclinada y recogió pasta de manera desigual.
  • Nubes visibles a contraluz — la pasta está floculada; conviene diluir más la tina y remover con más energía inmediatamente antes de formar.
  • Grumos y haces duros — refino insuficiente o fibra larga mal dispersada; a veces basta con volver a pasar la carga unos minutos por la pila.
  • Fibra peinada en una sola dirección — el movimiento de reparto fue demasiado suave o solo en un eje.
  • Borde grueso y ondulado — se dejó escurrir demasiado tiempo antes de retirar el marco, o el marco no apoyaba plano.
  • Marcas circulares en la superficie — gotas caídas sobre la hoja recién formada desde la propia forma o desde las manos.

05Del fieltro a la prensa: transferencia y compresión

El pliego recién formado contiene muchísima más agua que fibra y no se sostiene por sí solo. Para separarlo de la tela se apoya la forma sobre un fieltro húmedo y se hace rodar de un canto al otro con un movimiento firme y sin dudar: la hoja se adhiere al fieltro y se desprende limpiamente. Un fieltro demasiado seco no la recoge; una vacilación a mitad del giro deja un pliegue que ya no se corrige.

Los fieltros se alternan con los pliegos hasta formar una pila. Su textura se transfiere al papel, de modo que un fieltro de superficie cerrada da un papel más liso y uno de pelo largo deja un grano marcado. Es una decisión de acabado tan real como el tipo de fibra, y conviene reservar juegos distintos para trabajos distintos.

En la prensa la presión debe subir de forma gradual. Un golpe brusco desplaza el agua lateralmente con violencia y puede arrastrar fibra, arrugar los bordes o reventar la hoja por su punto más delgado. Subiendo poco a poco, la mayor parte del agua sale en los primeros instantes y el resto va cediendo mientras se mantiene la carga. Con ese prensado el pliego pasa a estar solo húmedo, adquiere consistencia y ya puede manipularse para el secado. El prensado también compacta la hoja y acerca las fibras entre sí: a igual pasta, un prensado más largo y firme da un papel más denso, más liso y algo menos absorbente.


06Secado al aire y secado bajo peso

El secado no es una espera pasiva: es la fase en la que la hoja adquiere su forma definitiva. Al perder agua, las fibras se contraen y se unen entre sí, y si esa contracción ocurre sin restricción el pliego se ondula. Elegir cómo se seca equivale a elegir entre un papel vivo y movido o un papel plano y disciplinado.

El secado al aire, colgando el pliego o apoyándolo sobre una superficie porosa, es el más rápido y el que más movimiento deja. Da hojas con ondulación propia y bordes algo revueltos, muy adecuadas cuando el papel se presenta por sí mismo. En climas secos y ventosos, como muchos veranos peninsulares, hay que moderar la corriente de aire: un secado desigual y demasiado veloz acentúa el alabeo y puede agrietar los pliegos más gruesos.

El secado bajo peso intercala los pliegos con cartones absorbentes o secantes dentro de una pila cargada. La restricción impide que la hoja se mueva mientras encoge y el resultado es un papel notablemente plano. A cambio, exige cambiar los secantes con frecuencia durante las primeras horas: si la humedad se queda atrapada en la pila aparecen manchas y olor. Es un método lento, de varios días, que recompensa la paciencia con pliegos listos para escribir o imprimir sin ningún aplanado posterior.

Existe un punto intermedio muy útil: dejar que los pliegos pierdan la mayor parte del agua al aire y terminarlos unos días bajo peso ligero. Se conserva algo del carácter del secado libre y se corrige casi toda la ondulación.

Manos levantando una hoja de papel húmeda sobre una cubeta poco profunda en una mesa de taller.
Manipulación de un pliego húmedo: en esta fase la hoja todavía admite correcciones de posición, pero no de superficie.

07El encolado y su efecto sobre la escritura

Una hoja sin encolar es un secante: absorbe la tinta por capilaridad, el trazo se abre y los contornos se pierden. El encolado consiste en introducir una sustancia que reduce esa absorción y mantiene la tinta en la superficie el tiempo suficiente para que seque sin extenderse. Es lo que decide si un papel sirve para escribir, para imprimir o solo para envolver.

Encolado en masa

El producto se añade directamente a la pasta antes de formar, de manera que queda repartido en todo el espesor del pliego. Es el método más regular y el más cómodo para series largas, porque no añade ninguna fase posterior. Su inconveniente es que resulta difícil ajustar el grado de encolado una vez formada la hoja: si se queda corto, hay que repetir la carga.

Encolado en superficie

El pliego ya seco se sumerge en una disolución templada de gelatina o de almidón, se escurre y se vuelve a prensar y secar. Al concentrarse en la superficie, la hoja gana resistencia al raspado y a los borrados, y admite mejor la pluma y las aguadas repetidas. Es más laborioso y exige cuidado con la temperatura y con el tiempo de inmersión, pero permite graduar el resultado con mucha precisión, incluso encolando unas hojas de una misma serie y otras no.

El nivel de encolado se comprueba con pruebas sencillas: un trazo de pluma sobre un recorte del mismo pliego, una gota de agua depositada en la superficie y cronometrada, o una mancha de acuarela levantada con un pincel húmedo. Conviene hacer esas pruebas sobre papel completamente seco y estabilizado, porque un pliego recién encolado da lecturas engañosas durante los primeros días.


08Color en masa e inclusiones

Teñir la pasta antes de formar produce un color que atraviesa el pliego entero y que se ve igual por las dos caras y en el canto. Los pigmentos, insolubles, necesitan un agente que los fije a la fibra; sin él, buena parte del color se marcha con el agua de la tina y de la prensa, ensucia los fieltros y reaparece en las hojas siguientes. Los colorantes solubles tiñen con más facilidad, aunque suelen ser menos estables frente a la luz.

Sea cual sea el sistema, el color de la pasta húmeda no es el color final. Al secar, la hoja aclara de manera apreciable y el tono se apaga, así que resulta imprescindible hacer una hoja de prueba, secarla del todo y juzgar sobre ella. Anotar la proporción empleada y guardar la muestra junto a la nota es lo que hace repetible un color meses después.

Las inclusiones son materiales que se añaden a la tina sin llegar a disolverse: hilos cortados, recortes de papeles de otro color, fibras teñidas, restos vegetales lavados. Aportan textura y profundidad, pero intervienen en la formación. Las piezas grandes o pesadas se depositan de forma desigual y crean puntos donde la hoja queda más delgada; si se van a escribir o imprimir después, mejor mantenerlas pequeñas y en proporción discreta. También conviene lavar bien cualquier material vegetal: los restos que contienen savia o azúcares pueden manchar el pliego con el tiempo.


09Formatos, corte y conservación de los pliegos

El formato de un papel hecho a mano lo fija la forma, no una norma. Eso obliga a pensar el tamaño en función del uso: un pliego que después se dobla en cuadernillos, otro que se corta en tarjetas, otro que se deja entero con sus cuatro barbas. Si el destino es la encuadernación, vale la pena calcular el formato a partir del plegado final y no al revés.

Cortar o no cortar la barba es una decisión con consecuencias. Una hoja guillotinada por los cuatro lados gana precisión y encaja mejor en un marco o en una caja normalizada, pero pierde la única marca que identifica de inmediato un papel formado a mano. Una alternativa intermedia es cortar solo los lados que quedarán ocultos en el montaje o la costura.

El papel es higroscópico y se mueve con la humedad del ambiente. Una hoja que ha estado meses en una habitación húmeda se ondula al pasarla a un espacio seco. Conservarlo bien es sobre todo evitar los cambios bruscos.

  1. Guardar plano. En pilas horizontales dentro de carpetas o cajas cerradas; el papel enrollado adquiere una memoria de curvatura difícil de eliminar.
  2. Interponer hojas neutras. Un papel de separación entre pliegos evita que los encolados se peguen entre sí y protege las superficies más delicadas.
  3. Mantener una humedad estable. Un ambiente moderado y constante importa más que alcanzar una cifra concreta; los vaivenes son el verdadero problema.
  4. Alejar de la luz directa. El sol descolora las pastas teñidas y amarillea las que conservan restos de lignina, sobre todo en papeles de recuperación.
  5. Separar por lote. Guardar juntos los pliegos de una misma carga de pila, con su nota de fibra, refino y encolado, permite entender más tarde por qué se comportan como lo hacen.
  6. Revisar de vez en cuando. Abrir las carpetas cada cierto tiempo detecta a tiempo manchas, insectos o humedad acumulada en el fondo de una caja.

10Qué se publica en estas páginas

Togadi publica textos explicativos sobre las operaciones del taller de papel hecho a mano. El material está organizado siguiendo el orden real del proceso, desde la preparación de la fibra hasta el almacenamiento de los pliegos terminados, y cada apartado intenta explicar tanto el procedimiento como las razones físicas que lo sostienen.

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